Freud ante el universal: la pérdida del saber/poder en psicoanálisis

(Presenté este trabajo el 24 de septiembre de 2014, en las Segundas Jornadas sobre la noción de Biopoder: Universidad y Gestión Anatomopolítica, llevado a cabo en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM.)

I

En el 2013 acudí a dos eventos públicos, uno en el Instituto de investigaciones jurídicas de la UNAM, otro en el Colegio Nacional, en ambos se discutía alrededor lo que se conoce como “transexualidad” o “disforia de género”.

Ambos ambientes académicos se caracterizaron por mostrar un discurso de inclusión, de derechos, en el cual reconocían la necesidad de “dar lugar” a manifestaciones de la sexualidad que no obedecían a la clásica bipartición: hombre con genitales masculinos y mujer con genitales femeninos. En Jurídicas se hablaba de la necesidad de reconocer legalmente la existencia de los niños transgénero, desde considerar la posibilidad de que sus documentos pudieran ser cambiados de acuerdo al sexo declarado por el niño, hasta la posibilidad de retirar de las actas de nacimiento las categorías hombre-mujer, pues lo “transgénero” ponía en duda que fueran definibles y asignadas a un recién nacido. En el Colegio Nacional pude escuchar por voces de psiquiátras, psicólogos y médicos, que era necesario cambiar los términos “disforia de género” por otros menos estigmatizantes, e incluso retirar del CIE-10 esa categoría. Resaltan entonces dos cuestiones en ambos eventos: retirar de las actas de nacimiento las categorías hombre-mujer, y retirar del CIE-10 la categoría “disforia de género”.

Lo que es de llamar la atención es que la palabra de las personas que se definían a sí mismas como “transgénero” era tomada al final de las presentaciones, como algo agregado, como por añadidura, me percaté de cómo un discurso de inclusión terminaba por excluir. ¿Quién otorga el poder de hablar primero del tema a abogados, médicos, psicólogos y psicoanalistas? Sabemos que Foucault criticó los dispositivos de poder localizables en el ámbito jurídico y médico, incluso criticó las prácticas psi entre las cuales también colocó al psicoanálisis como una práctica más del poder. ¿Qué hago yo aquí hablando de esto? ¿Es mi palabra la que aquí tendría el poder, el saber sobre el sexo? ¿Es el psicoanálisis una práctica más que pretende poseer el saber del sexo? y en ese sentido ¿El psicoanálisis, como lo indicaba Foucault, se suma al ejercicio de control sobre los cuerpos?

Mi intención en esta presentación es localizar el lugar del psicoanálisis con respecto al poder y a la sexualidad, partiendo de la siguiente idea: más allá de tratarse de una teoría, el psicoanálisis es una práctica que se define por el encuentro entre analista y analizante, dicho encuentro tiene como correlato cierta forma de producción escrita que necesariamente hace pasar algo que caracteriza a dicho encuentro, la pérdida del poder y el cuestionamiento de los universales.

II

Quien ha leído la obra de Freud, especialmente sus textos prepsicoanalíticos, por ejemplo, Estudios sobre la histeria, habrá podido darse cuenta de que antes que cualquier elaboración teórica que pudiera considerarse psicoanalítica, Freud realizó un movimiento fundamental con respecto al saber médico: este movimiento fue la renuncia al poder de la sugestión en la hipnosis, no era bueno hipnotizando, sus influjos hipnóticos fracasaban en la empresa de eliminar de forma inmediata el síntoma, reconoció que, quien tenía el saber sobre su síntoma era aquel que lo padecía y no el médico.

Algo que caracteriza la obra de Freud es la forma en la que éste agujerea el saber, por ejemplo, en La afasia, de 1891, ajeno al discurso hegemónico de la medicina, Freud planteó que la lesión no se centraba en el cuerpo, sino que incluso el cuerpo mismo podía pensarse como una representación, lo cual implica una desprendimiento importante de la idea del cuerpo como algo definible a partir de lo orgánico.

La escritura de Freud, y por tanto, la teoría psicoanalítica se constituyó de inicio como un hiatus, una ruptura con respecto a las concepciones médicas sobre el cuerpo, pero principalmente con respecto a sí misma, puesto que al mismo tiempo que constituyéndose como teoría apunta al planteamiento de ciertos universales, la práctica y el ejercicio de escritura analíticos apuntan siempre a poner entre paréntesis el saber, a cuestionarlo y a dar lugar a lo variado. Este carácter, si ustedes quieren, contradictorio del psicoanálisis lo podemos encontrar en una revisión pormenorizada del textos canónicos sobre la sexualidad. En donde encontramos el universal cuestionado por el singular. Estos textos son: Tres ensayos de teoría sexual, Las teorías sexuales infantiles, La organización genital infantil: una interpolación a la teoría de la sexualidad, Consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos, El sepultamiento del complejo de Edipo, La sexualidad femenina y La feminidad.

Es sorprendente notar cómo al darles lectura, lo que se encuentra es que, si bien parece que Freud habla todo el tiempo de una sexualidad normal, fundamentada en una familia heterosexual, en salidas sexuadas hombre-mujer, heterosexual u homosexual. Termina descartando toda posibilidad de pensar la sexualidad en categorías cerradas y del todo definibles. Les comparto algunos ejemplos de ello:

Asentados los puntos a partir de los cuales es posible considerar las entradas y salidas sexuales del Edipo a partir del complejo de castración y la diferencia anatómica de los sexos, lo cual le permite confirmar la máxima de Napoleón: “anatomía es destino”; en Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos de 1925, Freud debate con las feministas el punto en el cual aspiran a una igualdad de los sexos, sin embargo, enseguida plantea que ni pueden ser iguales pero tampoco pueden dividirse tajantemente en dos categorías delimitadas, interesante paradoja:

En tales juicios no nos dejaremos extraviar por las objeciones de las feministas, que quieren imponernos una total igualación e idéntica apreciación de ambos sexos; pero sí concederemos de buen grado que también la mayoría de los varones se quedan a la zaga del ideal masculino, y que todos los individuos humanos (…) reúnen en sí caracteres masculinos y femeninos, de suerte que la masculinidad y feminidad puras siguen siendo construcciones teóricas de contenido incierto. [cursivas añadidas] (p. 276)

Los esfuerzos que Freud (1925) hace dicho texto, lo conducen, en un penúltimo párrafo, a someter a discusión la idea de lo universal y lo típico para los sexos:

Me inclino a conceder valor a las elucidaciones aquí presentadas acerca de las consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos, pero sé que esta apreciación sólo puede sustentarse si los descubrimientos hechos en apenas un puñado de casos se corroboran universalmente y demuestran ser típicos. De lo contrario no serán más que una contribución al conocimiento de los múltiples caminos que sigue el desarrollo de la vida sexual. (p. 276)

En Sobre la sexualidad femenina, uno de los últimos textos de Freud sobre el tema, encontramos que cuando ha explicado cómo la niña pasa a una posición femenina, también pone en duda el carácter universal de sus formulaciones:

En realidad, apenas es posible una exposición universalmente válida. En diversos individuos hallamos las más diferentes reacciones y en un mismo individuo coexisten actitudes contrapuestas. Tan pronto como interviene por primera vez la prohibición, se genera un conflicto que en lo sucesivo acompañará el desarrollo de la función sexual. [cursivas añadidas] (p. 235)

Asimismo, en La feminidad (1933), Freud descarta toda posibilidad de pensar en una lectura esencialista, en una suerte de programación de la especie, para las posiciones sexuadas y para las elecciones de partenaire sexual:

conseguiríamos una solución ideal por su simplicidad si estuviéramos autorizados a suponer que a partir de determinada edad rige el influjo elemental de la atracción recíproca entre los sexos, que esforzaría a la mujercita hacia el varón, mientras que la misma ley permitirá al varoncito perseverar en la madre… no nos sería deparada tan fácil solución; ni siquiera sabemos si nos es lícito creer en ese misterioso poder que tanto entusiasma a los poetas… (p. 110)

Como es posible notar, el pensamiento freudiano reconsidera, cuestiona y reformula sus propios planteamientos, pues al terminar toda una exposición que puede tomarse, y aún actualmente se toma como universal y que incluso para algunos psicoanalistas se ha convertido en una fuente de normalización de la sexualidad, Freud mismo asevera que la sexualidad no es tan susceptible producir categorías definidas, que la experiencia parece demostrar que en lo sexual las categorías se desmoronan.

III

¿A qué se debe que la teorización de Freud esté marcada por un autocuestionamiento? Una conclusión a la que he llegado es que ello se debe al descubrimiento de lo sexual definido por un orden pulsional que no es susceptible de ser domeñado del todo.

Es necesario distinguir, como lo hace Laplanche, lo sexual-pulsional de lo sexuado entendido como una bipartición de los sexos, porque creo que (ese es un punto de vista muy personal), un grave error en psicoanálisis radica en confundir ambos planos de la sexualidad. Repito, lo sexual y lo sexuado.

La idea de una bipartición sexuada, nos ha llevado a tener algunos problemas, entre ellos a establecer lo que es normal y lo que es anormal en la sexualidad, pues dicha bipartición tiene como trasfondo una “matriz simbólica de la diferencia de los sexos” que está basada en un supuesto orden biológico y que actualmente tiene mucha fuerza en nuestras sociedades, pues se encuentra establecida como universal y por lo tanto como invariable. Así, el hecho que Freud señalaba, de que en la sociedad se puedan distinguir dos sexos en apariencia, nos lleva a pensar ilusoriamente que esos dos sexos son perfectamente distinguibles y separables uno del otro.

Lo que perdemos de vista es aquel horizonte que Freud descubrió: el de la pulsión, pues esta matriz simbólica de la diferencia de los sexos nos obstruye notar su existencia. Lo pulsional, no es el instinto animal, es algo humano, pues es el efecto del vínculo erógeno con el otro. Dicho vínculo y su prohibición, tienen como consecuencia, la génesis de un campo sexual alrededor del cual se construye lo sexuado. La lógica de este campo sexual-pulsional, es en sí mismo la ausencia, la imposibilidad que se arraiga en la existencia misma del sujeto y que después Lacan denominó como la falta.

Entonces tenemos lo sexual, aquello que se instaura primero que cualquier otra cosa en el ser humano, luego de eso a partir de experiencias de desilusión con las cuales el niño se va a encontrar vendrá lo sexuado como aquello que se organiza por causa de eso no hay, de eso que falta.

Ahora bien, quiero leerles algo que Freud va a plantear ya desde un texto de 1908, Las teorías sexuales infantiles, acerca de lo pulsional como algo singular que introduce variabilidad en el campo de la sexualidad. En este texto Freud comienza a hablar de “la importancia atribuida al pene en ambos sexos”, la “envidia del pene”, el “complejo de castración” y la “homosexualidad”, casi al final, advierte lo siguiente:

No puedo garantizar que mis conclusiones sean completas; sólo puedo dar cuenta del cuidado que he puesto para obtenerlas.

Un difícil problema consiste en decidir hasta dónde es lícito presuponer para todos los niños, o sea, para cada niño individual, lo que aquí se informará sobre ellos en general. La presión pedagógica [educación de los padres] y la diversa intensidad de la pulsión sexual posibilitarán sin duda grandes variaciones individuales en la conducta sexual del niño[cursivas añadidas] (p. 188)

Entonces tenemos que más allá de que uno pueda definirse como hombre o como mujer, tenga los genitales que tenga, por el simple hecho de haber pasado por una experiencia de ligazón con el otro, ya hay otro orden operando que es el de lo pulsional, no susceptible de ser del todo organizado, y eso, es lo que verdaderamente, hago un juego de palabras que hace Lacan entre verdad y variedad en Frances, verité y varité, va a ser rebelde a toda intención de control, de sometimiento, de categorízación y universalización.

Lo que quiero hacer pasar con ustedes en esta presentación es justo cómo, en una revisión pormenorizada de Freud, es posible encontrar una lógica que no es esa del universal, sino de lo no gobernable en la sexualidad misma, y que los discursos del poder, me parece, no son susceptibles de asumir la existencia de este campo, puesto que al partir de la ilusión de que se posee un saber sobre el sexo, establecen un ejercicio de poder y de control sobre éste, excluyendo formas de la sexualidad que no obedecen a la norma que estos mismos discursos establecen con su saber.

Tener presente que el psicoanálisis no pretende poseer un saber sobre el sexo, y que ello se vea reflejado en nuestra forma de escribir y de abordar los temas que nos interesan, es algo, que como decía, tiene relación directa con nuestra forma de hacer clínica, pues ante todo, la puesta entre paréntesis del saber en una sesión de análisis da lugar a eso sexual singular que llamamos deseo. Me parece que una operación fundamental del psicoanálisis es la de, en acto, descentrarse del saber, movimiento difícil, pues implica que el analista se haga cargo de sus propios asuntos con respecto al poder.

Finalmente, comparto con ustedes la interrogante: Me pregunto si existe una forma de práctica y escritura psicoanalítica, diferente de la que planteo aquí, de la que Foucault tomó noticia, y que señaló como un discurso que constituye normas y que por tanto determina lo que es anormal.

Bibliografía

Foucault, M. (1977 [2007]). La historia de la sexualidad. La voluntad de saber. México: Siglo XIX.

Freud, S. (1905 [2005]). Tres ensayos de teoría sexual. Obras completas de Sigmund Freud. Tomo VII. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1908 [2005]). Las teorías sexuales infantiles. Obras completas de Sigmund Freud. Tomo IX. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1923 [2005]). La organización genital infantil. Una interpolación en la teoría de la sexualidad. Obras completas de  Sigmund Freud. Tomo XIX. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1924 [2005]). El sepultamiento del complejo de Edipo. Obras completas de Sigmund Freud. Tomo XIX. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1925 [2005]). Algunas consecuencias psíquicas  de la diferencia  anatómica de los sexos. Obras completas de  Sigmund Freud. Tomo XIX. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1933 [2005]). Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 33ª  conferencia: La feminidad. Obras completas de Sigmund Freud. Tomo XXII.  Argentina: Amorrortu.

Laplanche, J. (2009a). Entretien avec Jean Laplanche. Encuentro con Gisèle Danon y
Didier Lauru, publicada en Enfances & PSY , 2002-1, n 17, p.9-16. Entrevista incluida en Alter: Revista de psicoanálisis, investigación y traducciones inéditas (1). Recuperado de http://revistaalter.com/revista/entrevista-con-jean-laplanche-2/1154/

Laplanche, J. (2009b). El género, el sexo, lo sexual. Alter: Revista de psicoanálisis,     investigación y traducciones inéditas (2). Recuperado de     http://revistaalter.com/revista/el-genero-el-sexo-lo-sexual-2/937/

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2 thoughts on “Freud ante el universal: la pérdida del saber/poder en psicoanálisis

  1. Te felicito Julieta! Excelente tu artículo 👏
    Un abrazo,
    Lucy

    Enviado desde mi iPhone

    > El 24/09/2014, a las 14:04, “DISECCIÓN DEL ANALISTA” escribió:
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