La intuición de Freud

“… una intuición no se demuestra, sino que se experimenta. Y se experimenta modificando e incluso multiplicando las condiciones de su uso.”

Gastón Bachelard[i]

En las cartas a Fliess, Freud se quejó una y otra vez de lo que llamaba “una cruz”: el Proyecto de psicología para neurólogos de 1895[ii]. Comunicó haber iniciado su escritura por su interés en explicar la defensa y motivado por el reciente trabajo con la histeria. En las cartas 63 y 71, se lee:

“En lo científico me va mal, tan empecinado en la “Psicología para neurólogos” que regularmente me devora por entero hasta que tengo que interrumpir realmente fatigado. Nunca he pasado por una preocupación tan extremada. ¿Y si algo sale de eso? [cursivas añadidas] Lo espero pero va laborioso y lento.”

“La psicología es realmente una cruz. Sin duda es mucho más sano jugar a los bolos y recolectar setas. No quería otra cosa que explicar la defensa, pero “explicar algo” desde el seno de la naturaleza misma [cursivas añadidas]. Me he visto obligado a reelaborar el problema de la cualidad, el dormir, el recuerdo, en suma, toda la psicología. Ahora no quiero saber nada más de eso.” [iii]

En la escritura del Proyecto, parece que a Freud se le impone la necesidad de escribir sobre algo que podemos ubicar en el orden de la intuición, Freud intenta en esta obra, poner lo intuido en letras que al escribirse cobren una lógica propia, inédita.

Algunos años antes de esto, cuando Freud comenzó a trabajar con Breuer en 1888, pisaba un terreno aparentemente ya conocido, bastante razonado por psiquiatras como Charcot. La histeria no era algo nuevo. Lo realmente nuevo fue el encuentro de Freud con la histeria y la hipnosis, algo más práctico que teórico. Los efectos de este ejercicio se hicieron evidentes en la escritura de Estudios sobre la histeria publicado a principios de 1895, la parte práctica corre más por cuenta de Freud, la parte teórica, digamos, la más razonada, va por cuenta de Breuer.

Lo que se lee en la parte escrita por Freud es el antecedente inmediato del método psicoanalítico, se percibe algo del orden de la novedad con un estilo de “novela”.

“No he sido psicoterapeuta siempre, sino que me he educado, como otros neuropatólogos, en diagnósticos locales y electroprognosis, y por eso a mí mismo me resulta singular que los historiales clínicos por mí escritos se lean como unas novelas breves, y de ello esté ausente, por sí decir, el sello de seriedad que lleva estampado lo científico [cursivas añadidas]. Por eso me tengo que consolar diciendo que la responsable de ese resultado es la naturaleza misma del asunto…” [iv] [cursivas añadidas]

El advenimiento del método psicoanalítico, en un médico con formación de neuropatólogo, se dio por la vía de una intuición, de una experiencia que rebasó su saber previo; el manejo que Freud hizo de su intuición fue el de no descartarla, no considerarla una bobería, aunque se tomaba sus reservas con respecto a ella. Dicho manejo posibilitó que algo fuera descubierto y al mismo tiempo algo fuera inventado.

Una característica esencial de la intuición es que implica que aquel intuye comprenda sin necesidad de razonar[v].

¿Cómo es posible se comprenda algo dejando entre paréntesis el razonamiento? ¿Qué es lo que Freud pudo comprender sin razonar? Comprendió lo escuchado en la experiencia clínica: alguien  tiene la intención de hacer algo, pero otra cosa se lo impide, y esa otra cosa viene de su propia persona. Se escucha el campo de la ajenidad, de la extranjería en quién dice querer algo. Esto no está razonado por Freud, más bien ha tomado registro de aquello que escuchó y ha decidido no soltarlo, fuera de las sesiones escribe con la idea de dar explicación a eso “otro” escuchado, desde otro lugar.

Dando un paso más allá de la práctica, pero sin desligarse del todo de ella, en el Proyecto de psicología, comienza a elaborar una teoría que surge entre explicaciones neuronales, mecánicas y energéticas, una teoría que se condensa en algunos supuestos: el apremio de la vida, el desvalimiento del recién nacido, la asistencia ajena de un adulto, la primera vivencia de satisfacción, el complejo del semejante, el exceso y el displacer, la identidad de percepción, las vías asociativas que desvían y se dirigen hacia la huella dejada por la vivencia de satisfacción y el fracaso de la identidad entre lo que satisfizo primero y todo cuando viene después. Con esta elaboración Freud hace aparecer en el horizonte el deseo y la insatisfacción. Puntos medulares de la clínica psicoanalítica.

En el último apartado del Proyecto, Freud intentó abordar bajo las coordenadas propuestas, la explicación de “las operaciones fallidas” y ahí fue donde interrumpió su escritura, días después de esto, en la carta 80, comunica a Fliess que ha abandonado la elaboración del Proyecto: “He empaquetado los manuscritos psicológicos y los he arrojado en un arcón donde deben dormitar hasta 1896”[vi].

Un par de años después de concebidas estas ideas, Freud inició la escritura de la Interpretación de los sueños[vii], nos llevamos una sorpresa al encontrarnos con que, en dos páginas resume un fragmento del tan rechazado Proyecto de psicología cuando se propone hablar del cumplimiento del deseo en los sueños, algunas páginas antes de abordar formalmente lo inconsciente, las explicaciones desde lo neuronal se habían difuminado.

Da la impresión entonces de que Freud no ha dejado de lado la intuición que lo llevó a producir el Proyecto 1895, pero ha comenzado a abandonar la empresa de hacer coincidir el psicoanálisis con un quehacer científico, pues al leer el último apartado del Proyecto, gran parte de sus explicaciones desde lo neuronal pierden coherencia, la coherencia que Freud aún buscaba construir desde su formación médica no da más para explicar los olvidos, los errores, la repetición, siendo ahí, donde dicho texto queda interrumpido, pues parece ser que la naturaleza misma de la experiencia en la clínica lo aleja de una intención de explicación científica.

Ese extrañamiento del psicoanálisis de lo científico es justo algo que se le ha criticado a Freud y a Lacan, en quienes podemos ubicar una toma de posición sobre el asunto, lo que sorprende es que al indagar sobre lo que cada uno dijo sobre la relación entre el psicoanálisis y la ciencia, nos encontramos en el medio con la intuición, a continuación dos ejemplos:

En la Conferencia 35 “En torno de una cosmovisión”, Freud se pregunta por la relación entre una cosmovisión (weltanschauung) científica y el psicoanálisis, en este punto no puedo dejar de mencionar la fuerte ambivalencia que me generó la lectura del texto, una especie de ácida sorpresa con respecto a la posición que Freud revela, pues partiendo de que lo científico toma por ficticias las manifestaciones del ser humano como la intuición y a adivinación[viii], siendo éstas acogidas por la religión, Freud termina por decir que el psicoanálisis no puede ser considerado una religión, tampoco una filosofía, pero sí algo que contribuye a los desarrollos científicos. Esto a pesar de que, en sus textos anteriores, Freud muestra la escucha aquello que la ciencia dejó en el campo de la ficción e incluso de la simulación.

Así, la intuición que Freud siempre mantuvo viva y llevó al límite de sus posibilidades, produciendo la invención del psicoanálisis, misma que lo llevó a quedar fuera de lo considerado “científico”, queda opacada por un retorno bastante manifiesto a una idea de contribuir a los desarrollos científicos sobre el estudio de lo anímico. Lo cual permite plantear que si bien Freud opera desde la intuición que se genera a partir de la experiencia y la pone a trabajar, existe otro campo desde el cual todo lo dicho se constituye como parte de un territorio que tiene el carácter de una cosmovisión. Lo interesante es que Freud deje asentado que el psicoanálisis no puede ser considerado una cosmovisión, si por esta palabra entendemos que se trata de un conjunto de planteamientos que dan al sujeto respuestas a sus preguntas, y una sensación de apaciguamiento con respecto a sus incertidumbres.

¿Qué hay sobre Lacan, la intuición y la ciencia? Bien, Lacan rescata la intuición de Freud y también la hace operar, para llevarla en todo momento al terreno de la clínica psicoanalítica, la cual, de acuerdo a sus planteamientos, queda a parte de toda práctica científica, y en ese sentido, a diferencia de Freud, no oscila en su posición. Ello queda manifiesto en el Discurso a los psiquiatras de 1967, aquí un fragmento:

“La ciencia que es la nuestra es la que no se cons­tituye sino por una ruptura que es fechable en los siglos, y el suyo tam­­po­co es otro que el siglo de oro, el XVII. La ciencia nació pre­­ci­sa­men­te el día en que el hombre rompió las amarras de todo lo que puede lla­marse intuición, conocimiento in­tuitivo [cursivas añadidas], y en que se re­mi­tió al puro y sim­ple sujeto que es introducido, inaugurado an­te to­do bajo la forma per­fectamente vacía que se enuncia en el cogito; pien­so, en­­ton­ces soy {je pense, donc je suis}. Está completamente cla­ro, ahora, a nuestros ojos, que esta fórmula no se tiene en pie, sin em­bargo ella es decisiva, pues es ella la que permitió… la que per­mi­tió esto: ya no se tenía nin­gu­na necesidad de recurrir a la in­tuición cor­poral para comenzar a enun­ciar las leyes de la dinámica. A partir de ese momento nació la ciencia, correlativa de un pri­mer aislamiento del sujeto puro, si puedo decir.” [ix]

El hallazgo de Freud del campo inconsciente refiere efectivamente al quiebre del sujeto cartesiano, lo cual recoloca, desde esta perspectiva, el quehacer analítico más del lado de la intuición que de lo científico. Esto nos lleva entonces una pregunta concerniente a la relación entre el analista y la intuición: ¿Qué hace el analista con la intuición en la sesión de análisis y fuera de ella (en la transmisión del psicoanálisis)?

La intuición, como experiencia, tiene íntima relación con lo que ocurre en un análisis, en donde el analizante tiene la sensación repentina de haber comprendido algo pero sin haberlo razonado, lo cual podría pensarse también en el caso del analista, tanto más si pensamos en las recomendaciones de Freud, aquellas en las que recomienda al analista olvidarse de la teoría mientras escucha, o aquellas en las que propone el apego a la asociación libre por parte del analizante y a la escucha flotante por parte del analista.

Esto nos acerca a una idea: la teoría y el razonamiento son dos asuntos que pertenecen a un mismo campo, propongo que lo llamemos: el del saber. Un campo que ciertamente se pone entre paréntesis en una sesión de análisis y propongo que también en el ejercicio de lectura, escritura y transmisión de quien practica el psicoanálisis, poniendo a operar en su lugar la intuición, pues cabe preguntarse ¿a partir de qué se intuye algo? a partir de la incertidumbre, pero a veces parece que en psicoanálisis nada debería producir incertidumbre.

 

[i] Bachelard, G. La intuición del instante, 1932 (2002), México: Fondo de Cultura Económica. Descargable en: https://www.dropbox.com/s/4qq26nykp7vwems/bachelard-gaston-la-intuicion-del-instante.pdf

[ii] Freud, S. Proyecto de psicología para neurólogos, Obras completas de Sigmund Freud, 1895 (2005). Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu.

[iii] Freud, S. Cartas a Wilhelm Fliess, 1887-1904 (2008), Buenos Aires: Amorrrortu. Págs. 129, 140. Descargable en: https://www.dropbox.com/s/fs9y0k43lzapdis/Cartas%20a%20Fliess.pdf

[iv] Freud, S. Estudios sobre la Histeria, Obras completas de Sigmund Freud, 1893-1895 (2005) Buenos Aires: Amorrortu. Pág. 174.

[v] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

[vi] Freud, S. Cartas a Wilhelm Fliess, 1887-1904 (2008), Buenos Aires: Amorrrortu. Pág. 154.

[vii] Freud, S. La interpretación de los sueños, Obras completas de Sigmund Freud, 1900 (2005). Tomo IV. Buenos Aires: Amorrortu.

[viii] Freud, S. 35ª Conferencia. En torno de una cosmovisión, Obras completas de Sigmund Freud, 1832-1836 (2005). Tomo XXII. Buenos Aires: Amorrortu. Pág. 147.

[ix] Lacan, J. Breve discurso a los psiquiatras. 10 de noviembre de 1967. Trad. Ricardo Rodriguez Ponte. Pág. 28. Descargable en: http://elpsicoanalistalector.blogspot.mx/2009/12/jacques-lacan-breve-discurso-los.html

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